El 26 de octubre parto a Nueva York a seguir haciendo las américas. Pero eso no quita para que siga haciendo las américas en Santa Cruz. Ayer sin ir más lejos acabé en la otra punta del pueblo, allí donde se acaba la zona habitada, guiada por un afán de no quedarme encasillada en las líneas 13, 15, 16 y 19 de autobús. Por ello decidí coger el 20 sin tan siquiera mirar su ruta y aparecí en el Westside más westside, esto es, en el número 2800 o por ahí de mi calle, a unos 1900 números de mi casa. Aunque ello al principio pueda sorprender, anonadar e incluso llegar a provocar ataques de pánico acompañados de visiones de mi menda atravesando un desierto, cazando ratas albinas para poder sobrevivir, etc., no es para tanto. Esos 1900 números se recorren en apenas 30 o 40 minutos, porque aquí las distancias y los números engañan. Y ¿por qué? Lo siento, no puedo ofrecer respuesta a semejante enigma, únicamente decir que aquí el gel de baño es tanto para uso humano como animal, y dejar estas bonitas palabras:
Can I borrow a feeling?
Can you lend me a jar of love?
Hurtin’ hearts need some healin’
Take my hand with your glove of love




