Pues eso, que ya hemos vuelto de los New Yorkes. A pesar de mi ininteligible amor por este pueblucho estaba necesitada de ver edificios de más de tres pisos, de civilización. Nueva York es una ciudad molona, aunque por momentos quise arrancarme los pies a mordiscos de los dolores provocados por los paseicos. La próxima vez adoptaré la moda yanky de ir en chanclas en verano e invierno, con sol o con lluvia, porque no, no es sólo cosa de Santa Cruz, los neoyorkinos también se ponen las sandalias aunque haga 5 grados y amenace diluvio. Una fotico:
Por otra parte, mi hermana y Dete están aquí de visita. Mañana comienza el éxodo hacia los sures de California para ver Big Sur, que se rumorea que es la mar de bonito, y a algún parque nacional, para volver al norte el miércoles y pasar unos diicas en San Francisco, tras lo cual seré de nuevo abandonada a mi suerte en estas tierras extrañas.
A destacar: anoche fuimos a un concierto, a Architecture in Helsinki. El grupo bien, tampoco me emocionaron mucho, los primeros teloneros casi me gustaron más, los segundos eran tremendos y horribles al mismo tiempo. Lo importante era un público constituido mayormente por jovenzuelos universitarios disfrazados y enloquecidos (y no parecían ir borrachos o drogados, todo apunta a que son así de por sí) que invadieron el escenario ante el anonadamiento del grupo. Ahora mis dudas de por qué hay tantas tiendas de disfraces en este pueblo abiertas durante todo el año y que parecen prosperar, a pesar de que Halloween sea únicamente una vez al año, se han visto despejadas. Los americanos son amantes del disfraz y están un poco pallá.





